La marisma domesticada. Doñana

Gracias a la aportación de nuestro lector Francisco Manuel Marín Solís y del visor comparador de ortofotos que encontramos en el canal de la Rediam, vamos a conocer un poco más de la evolución de la marisma de Doñana y la desecación y puesta en cultivo de grandes zonas de ésta.

Se estima que las primitivas marismas del Guadalquivir ocupaban una extensión mayor de 300.000 hectáreas en los albores de nuestro calendario. A lo largo de los siglos, la mano del hombre las fue reduciendo, paulatinamente en un principio, y de forma acelerada en los últimos siglos de desenfreno industrial, dejando hoy en día una extensión de aproximadamente 50.000 hectáreas. No sólo se produce una disminución de su superficie, sino que además se le somete a un estricto control dejando una marisma herida, aislada y alejada de las fuentes primigenias que le dieron su origen: la mar y el río.

Las causas de su desaparición han sido muy variadas. Algunas tuvieron lugar lejos de su emplazamiento, a cientos de kilómetros, remontando el curso del Betis romano. Las primigenias transformaciones de los enclaves forestales bien para el aprovechamiento maderero bien para la sustitución del bosque por zonas de cultivo, aumentaron los procesos erosivos en la cuenca media y alta del Guadalquivir y en la de todos sus afluentes principales. Este aumento de la erosión provocó un incremento del transporte de materiales fluviales que han terminado por depositarse,  a lo largo de los siglos, en todo el estuario, llegando a colmatar gran parte de los terrenos marismeños.

Ya en el siglo XIX, en plena revolución industrial, hubo una gran cruzada contra las zonas húmedas  en todo el territorio español: ‘Es un hecho demostrado por la experiencia de los siglos que todo terreno pantanoso es perjudicial para la salud (…) haciéndose extender su perniciosa influencia no solamente a los habitantes de la comarca que arrastran una vida miserable, sucumbiendo algunos de un modo casi fulminante bajo el influjo de las llamadas fiebres pútridas’. De este modo se argumentaba en el proyecto de desecación del Lago Almonte, redactado en 1866, el despreciable valor que poseían estas zonas marismeñas situadas en la actuales Marismas de Almonte e Hinojos. Detrás de estos motivos de salud, se encontraba la lucha contra el mosquito que actuaba como vector del paludismo, mal endémico en el sur de la Península, que se consiguió atajar de raíz con la completa erradicación de la enfermedad.

Este afán en contra de las zonas húmedas, se ve culminado en 1918 cuando se aprueba la Ley de Desecación y Saneamiento de Lagunas, Marismas y Terrenos Pantanosos, conocida como Ley Cambó, que alentó el esfuerzo devastador  convirtiendo, de manera automática, en propietarios de estos terrenos arrebatados al dominio del agua a los responsables de su desecación. A la desaparición por motivos de salud le siguió, inmediatamente, la transformación de la marisma en zonas de cultivo, en primer lugar con la creación de los regadíos de la margen izquierda, en las inmediaciones de Trebujena, Lebrija y Los Palacios. A estos cambios agrícolas le siguieron otros, con la implantación de los cultivos de arrozal situados en los dominios del Brazo del Este o los emplazados en la margen contraria, en el paraje conocido como la Isla Mayor, junto a La Puebla del Río.

A estas causas habría que sumarle una no menos importante: la multitud de actuaciones e infraestructuras que se han realizado a lo largo de todo el estuario del Guadalquivir para la regulación de los caudales de los principales caños: Brazo de la Torre, Caño del Guadiamar y Caño Travieso o el Brazo del Este en la margen izquierda, así como del propio cauce del río Guadalquivir que se modificó enormemente para facilitar el tráfico de las embarcaciones.

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Desde 1795 en la que se ejecuta la primera corta, denominada Merlina, hasta la última efectuada en las inmediaciones de Sevilla en el año 1992, se ha conseguido reducir la distancia navegable entre Sanlúcar de Barrameda y el puerto de Sevilla desde los 127 kilómetros originales hasta el medio centenar existente en la actualidad. Para ello se han seccionado y eliminado progresivamente la intrincada red de brazos y canales naturales que se extendía por todo el estuario, dejando un cauce casi rectilíneo entre la desembocadura y la ciudad de Sevilla. Todo ello en detrimento de una amplia red de canales naturales que alimentaban el flujo de agua entre la marisma, el estuario y el mar, flujo que en la actualidad es prácticamente inexistente debido a la gran cantidad de brazos que han sido regulados por compuertas, canalizados, o simplemente eliminados mediante su rellenado.

Este peculiar enclave todavía no está exento de determinadas amenazas que penden inciertas bajo los rumores de futuros dragados que modificarían aun más el intercambio del agua entre el mar, el río y la marisma.

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En la imágenes de la página anterior se observa una comparativa de los años 1956 y 2009, en el paraje denominado Vuelta de la Arena, apreciándose el abandono y encauzamiento del antiguo cauce del río Guadiamar, así como la puesta en cultivo de todos estos terrenos arrebatados a la antigua marisma salvaje e inaccesible por el hombre. En la imagen superior, localizada en el Centro de Interpretación José Antonio Valverde, destaca la construcción de un dique denominado Muro de la FAO (por estar financiado por este organismo) y  la desecación parcial de un  lucio (zonas de inundación más o menos permanente en la marisma) conocido como el Bocón del Lobo”.

Recuerda que seguimos esperando tus aportaciones a la dirección de correo electrónico difusion.rediam.capma@juntadeandalucia.es. Queremos conocer la evolución del territorio andaluz a través de esos detalles que tú conoces y que nos puedes documentar.

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Acerca de ComunidadRediam

La Red de Información Ambiental de Andalucía (REDIAM), creada por Ley 7/2007, de 9 de julio, de Gestión Integrada de la Calidad Ambiental (GICA), tiene como objeto la integración de toda la información sobre el medio ambiente andaluz generada por todo tipo de centros productores de información ambiental en la Comunidad Autónoma.
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